Aquí os dejo una interesantísima entrevista de audio con César Vidal en la que explica el origen de la figura del Papa históricamente y cuál es su respaldo teológico para usar esta figura como personaje sustitutivo a Jesús mientras esperamos su regreso... los Evangelios dejan bien claro que Jesús estaría con nosotros durante su ausencia física "Mateo 18:20 Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos", lo cual no deja lugar a la figura de un vicario o sucesor de Cristo en su ausencia. Pero todos estos temas Cesar Vidal los expresa con mucha coherencia y respeto hacia la Iglesia Católica si más te animo a escuchar esa entrevista. Haz clic en el link para acceder a la página:



Aquí os dejo la segunda entrega sobre la virgen María y el protestantismo:

María durante el ministerio de Jesús

De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XIV) Los protestantes no creen en la Virgen (2)

La semana pasada examiné sucintamente cómo el mito de que los evangélicos no creen en María no se corresponde con la realidad y apunté igualmente a lo que sí creen sobre ella en relación a lo sucedido antes del ministerio público de Jesús.

Concluía así
que de la vida de María antes del ministerio público de Jesús, sólo tenemos algunos datos gracias a dos de los veintisiete escritos del Nuevo Testamento,
que María aparece como una joven virgen judía desposada con José
que quedó encinta por obra del Espíritu Santo y no tuvo relaciones sexuales con José “hasta que dio a luz a su hijo primogénito”
que le fue anunciado por un ángel que su hijo iba a ser el mesías
que María era una judía piadosa cuya esperanza espiritual era la propia del pueblo de Israel expresada en los términos propios del judaísmo de la época, de ahí que, por ejemplo, contemplara a Dios como a su salvador y reconociera su propia “bajeza”
que, como judía piadosa, cumplió fielmente con lo prescrito en la Torah en materia de purificación y de fiestas y
que distaba, a pesar de su piedad, de ser perfecta no entendiendo lo que hacían los pastores en Belén y todavía menos la respuesta que Jesús le dio a ella y a José tras perderse en el viaje a Jerusalén. Precisamente porque no entendía esto, lo guardó en su corazón y lo meditaba continuamente.
¿Qué creemos los protestantes del resto de la vida de María? Pues, por decirlo de manera sencilla, lo que enseña el Nuevo Testamento. María aparece siempre como una mujer piadosa, fiel al Señor, aunque imperfecta, que no comprendía a cabalidad el ministerio de su hijo Jesús.

La primera referencia a María es, seguramente, la relacionada con las Bodas de Caná (Juan 2:1-11) a las que acudió junto a Jesús y algunos discípulos (2:1-2). Cuando el vino se terminó, María se lo indicó a Jesús. No tenemos razones para pensar que María actuó movida sino por buenas razones aunque, por ejemplo, Juan Crisóstomo afirmó que sólo la guiaba el deseo de preeminencia. Desde luego, resulta obvio que Jesús no aceptó una supuesta mediación de María. En Juan 2:4 se recoge que le dijo: “¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora”. A decir verdad, cuando se vuelca el texto griego al arameo original no hay duda alguna sobre la interpretación del texto. Jesús no sólo llama a María “mujer” rechazando la idea de que pueda tener algún privilegio por darle a luz sino que además indica que su petición no tiene lugar. Al respecto, no deja de ser significativo que la Biblia de Jerusalén – una traducción católica – señale en nota a pie de página que la respuesta de Jesús es un “semitismo que rechaza una intervención”. Así lo vemos también nosotros. Y lo debió de ver María porque se limitó a decir a los sirvientes que hicieran lo que Jesús les dijera.

No es la única vez recogida por los Evangelios en que Jesús rechazó la intervención de María. Por ejemplo, cuando María y los hermanos de Jesús – sobre los que hablaré en otra entrega – pretendieron interrumpir su predicación para hablar con él, la respuesta no pudo ser más clara: “extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana y madre” (Mateo 12:48-50. Véase también: Marcos 3:31-36; Lucas 8:19-21). Desde luego, en ningún momento, Jesús consideró que la condición de su madre fuera superior a la de otros. Para él, de manera expresa, ser su discípulo era tan importante como ser su madre algo que, dicho sea de paso, ningún católico podría aceptar. No sólo eso. Jesús insistió en que había condiciones espirituales superiores a la de ser su madre. Eso es lo que encontramos, por ejemplo, en Lucas 11:27-28: “mientras él (Jesús) decía estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo y los senos que mamaste. Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan”. Las palabras de Jesús no indican – como han señalado algunos historiadores – falta de afecto hacia su madre, pero sí muestran cuáles eran sus prioridades espirituales y, a sus ojos, escuchar la palabra de Dios y guardarla era mucho más importante que haber sido su madre.

Ese equilibro personal de Jesús hacia su madre explica que uno de sus últimos cometidos fuera el de procurar que su madre contara con abrigo y cobijo después de su muerte. Tal y como recoge Juan 19:25-27, mientras se hallaba en la cruz, Jesús dejó a María al cuidado del discípulo amado, algo lógico si tenemos en cuenta que los hermanos de Jesús “no creían en él” (Juan 7:5). Este pasaje de Juan ha sido utilizado frecuentemente por autores católicos como una referencia a la maternidad universal de María. Se trata de un tema que abordaremos en una entrega posterior, pero ya podemos adelantar que semejante interpretación ni siquiera es aceptada por teólogos católicos de peso. Por ejemplo, L. Ott, un teólogo católico conservador, señala en relación con la supuesta maternidad de María sobre los creyentes: “Faltan las pruebas escriturísticas expresas. Los teólogos buscan apoyo bíblico en las palabras de Cristo en Juan 19:26 ss: “Mujer, he ahí a tu hijo” “He ahí a tu madre”, pero, de acuerdo con el sentido literal, dichas palabras se refieren sólo a las personas a quienes van dirigidas: María y Juan” (Fundamentals of Catholic Dogma, Cork, 1966, p. 214). Cualquier protestante estaría totalmente de acuerdo con esa interpretación.

Las referencias a María tras la muerte de Jesús son muy escasas. No tenemos ninguna noticia de que Jesús resucitado se le apareciera, aunque quizá, sólo quizá, formara parte de los quinientos hermanos a los que se apareció a la vez (I Corintios 15:6). Sí sabemos que estuvo presente en las reuniones de la comunidad cristiana de Jerusalén (Hechos 1:14) y, de nuevo quizá, que lo estuviera durante el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés, aunque no se puede asegurar. De hecho, a partir de Hechos 1, 14 perdemos su rastro en la Biblia ocupada, sin embargo, de narrar la vida de personajes como Esteban, Felipe, Timoteo y, por supuesto, Pedro y Pablo. Desde luego, si los primeros cristianos vieron a María de una manera lejanamente parecida a como la ven los católicos actuales se ocuparon rigurosamente de no dejar la menor huella. Por supuesto, es más lógico deducir que simplemente nunca la contemplaron como los católicos de hoy en día.

Resumiendo, pues, los datos que tenemos sobre María en el Nuevo Testamento relacionados con el ministerio público de Jesús y con la vida de los primeros cristianos se reducen a que:
Durante el ministerio público de Jesús, María intentó intervenir en varias ocasiones y Jesús siempre rechazó esa intervención.
Jesús subrayó una y otra vez que también era su madre aquel que escuchaba la Palabra de Dios y la obedecía, y que la condición espiritual de los discípulos era superior a la de su madre.
Jesús encomendó el cuidado de su madre al discípulo amado.
Carecemos de noticia de que Jesús se apareciera a María tras la resurrección y
En el año 30 d. de C., María, junto a los hermanos de Jesús, formaba parte de la comunidad cristiana de Jerusalén. A partir de ahí, el Nuevo Testamento no dice nada de ella.
Como señalaba en la anterior entrega, todo lo que la Biblia dice de María, los protestantes lo creemos firmemente. A contrario sensu – y tendremos ocasión de verlo en próximas semanas – no creemos aquello que no enseñan las Escrituras y que incluso colisiona con lo que éstas nos muestran.

Pero sobre eso hablaremos, Dios mediante, a partir de la semana que viene.

Fuente(www.protestantedigital.com)

Mis queridos amigos en mi blog un escritor e historiador va a formar parte con sus escritos frecuentemente, porque me gusta su elocuencia, su seriedad histórica y su fe en Cristo. En el tema que hoy os comparto César Vidal aclara en dos fantásticos artículos la relación de la virgen María respecto a la creencia evangélica o protestante. Yo siempre escucho cuando hablo con algún amigo católico, que los evangélicos no creemos en la virgen María por el hecho de que no la veneramos y la vemos como la semidiosa que los católicos ven en ella, es cierto que nos ceñimos a las escrituras a la hora de valorar y de gran manera el papel de María la madre de Jesús. Pero mejor os dejo el especialista hablando sobre este tema que no dejara indiferente a nadie y comienza con la primera parte de este artículo:




Los protestantes y la Virgen María

De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XIII) Los protestantes no creen en la Virgen (1)

Uno de los mitos más difundidos en el mundo católico acerca del protestantismo es el de que los protestantes no creemos en María. La idea está tan difundida que, a decir verdad, suele ser una de las dos o tres respuestas que da cualquier católico cuando se le pregunta acerca de cómo definiría a un protestante: “los protestantes no creen en la Virgen”.

No sólo eso. Esa circunstancia resulta muy ofensiva para no pocos católicos lo que, dicho sea de paso, deja de manifiesto el enorme peso que tiene la mariología en sus creencias y prácticas. A título de ejemplo, puedo decir que cuando algunas personas decidieron iniciar una campaña contra mi en la cadena COPE – ¡tras una sola temporada de trabajo como simple colaborador! – su argumento fue que no creía en la Virgen y que mis puntos de vista al respecto resultaban absolutamente intolerables en esa emisora.

Como señalaría con cierta ironía un amigo católico, también se podía haber dicho que no creía en la infalibilidad papal o en la transubstanciación. Era cierto. Sin embargo, la peor acusación que se podía lanzar contra mi era el de que no creía en la Virgen. Deseo tranquilizar a nuestros amigos católicos señalando de entrada que los protestantes sí creemos en María, aunque, eso sí, creemos en lo que señala sobre ella el Nuevo Testamento. Desarrollaré esta afirmación en diversas entregas y en esta primera me centraré en lo que creemos de María antes del inicio del ministerio público de Jesús.

De entrada, hay que señalar que María tiene un papel de relevancia escasa en los escritos del Nuevo Testamento. Sólo se hace mención de ella en cinco de sus veintisiete libros y de esos cinco sólo dos mencionan su embarazo virginal.

Por Lucas y Mateo, sabemos que era una virgen desposada con José, un hombre justo, de la casa de David y que vivía en la localidad galilea de Nazaret (Lucas 1:26-27). Es posible que perteneciera a una familia sacerdotal porque su prima Elisabet – o Isabel – estaba casada con un sacerdote de la clase de Abías y ella misma era de las hijas de Aarón (Lucas 1:5).

También sabemos que antes de que el matrimonio con José se consumara, es decir, cuando sólo se hallaba en la fase de esponsales, quedó encinta (Lucas 1:26-38). Dado que José no había mantenido relaciones sexuales con ella, llegó a la conclusión de que María era culpable de adulterio y resolvió repudiarla en secreto, posiblemente para evitar que la lapidaran (Mateo 1:18-19). Así, lo habría hecho de no ser porque un ángel aparecido en sueños le anunció que el niño que se estaba formando en el seno de María era fruto de la acción directa del Espíritu Santo (Mateo 1:20), que el nacido salvaría al pueblo de sus pecados (Mateo 1:21) y que la concepción virginal era el cumplimiento de la profecía de Isaías 7:14 (Mateo 1:22-23). Al despertar, José acogió a María en su casa (1:24) y no tuvo relaciones sexuales con ella “hasta que dio a luz a su hijo primogénito” (Mateo 1:25). En Mateo, pues, la experiencia de María aparece descrita – y no deja de ser revelador – con José como protagonista.

El enfoque es diferente – y complementario – en el Evangelio de Lucas donde todo el episodio es narrado desde la perspectiva de María. Según Lucas, un ángel le anunció que tendría un hijo a pesar de que no mantenía relaciones sexuales con ningún varón (1:34-38) y María se encaminó a una ciudad de Judea, en la montaña donde vivía su prima Isabel (1:39-40). Ésta también se hallaba encinta y, al ver a María, el niño que se gestaba en su vientre dio un salto lo que llevó a aquella a confirmar que su prima llevaba en su seno al mesías (1:41-45). Las palabras que María dio como respuesta (Lucas 1:46-55) son conocidas convencionalmente como el Magnificat y constituyen la declaración más amplia de que disponemos acerca del pensamiento teológico de María. Excede de los límites de este artículo detenernos en ese texto, pero podemos indicar que en él, María indica como Dios es su salvador (v. 46-47), como Dios no ha reparado en la “bajeza de su sierva” que será llamada bienaventurada por dar a luz al mesías (v. 48-49) y como todo esto armoniza con el carácter y las promesas de Dios formuladas a Israel (v. 50-55). María permaneció con Isabel tres meses al cabo de los cuales regresó a su casa y, presumiblemente, fue recibida por José (Lucas 1:56).

Los datos siguientes nos indican que María y José se dirigieron a Belén con ocasión de un censo (Lucas 2:1-4); que María dio a luz en un humilde lugar donde pudieron aposentarse (Lucas 2:7) y que el niño fue objeto de las alabanzas de un grupo de pastores cercano (Lucas 2:8-20).

A los ocho días, en cumplimiento de la Torah, Jesús fue circuncidado (Lucas 2:21) y, tras cumplir con su purificación, María y José lo llevaron al templo para ser presentado al Señor con la ofrenda prescrita por Moisés (Lucas 2:22-23; Levítico 12:6-8). Allí, María fue testigo de la proclamación del niño como Mesías por parte de Simeón y de Ana (Lucas 2:25-38) y, tras cumplir con lo prescrito en la Torah, regresó junto a José a Nazaret (Lucas 2:39).

Mateo relata además episodios como la adoración de los magos (Mateo 2:1-12), la matanza de los inocentes por Herodes (Mateo 2:13-18) y la huída a Egipto si bien, de manera significativa y propia de este evangelista, el protagonista es José y no María. Fue también José, según Mateo, el que recibió la revelación para regresar a Israel (Mateo 2:19-21) y el que optó por asentarse en Galilea en lugar de en Judea (2:22).

Desde ese momento hasta el inicio de la vida pública de Jesús, sólo tenemos constancia del episodio de la bajada a Jerusalén de Jesús con sus padres en el curso de la cual lo perdieron y hallaron luego en el templo (Lucas 2:21-40). De manera bien significativa a la pregunta de María: “Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia”, Jesús respondió: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (2:48-9).

Ni María ni José “entendieron las palabras que les habló” (Lucas 2, 50). Como había sucedido con el episodio de los pastores (Lucas 2:19), María se limitó a guardar aquellas palabras y meditarlas en su corazón (2:51).

Resumiendo todo, podemos señalar:
que de la vida de María antes del ministerio público de Jesús, sólo tenemos algunos datos gracias a dos de los veintisiete escritos del Nuevo Testamento,
que María aparece como una joven virgen judía desposada con José
que quedó encinta por obra del Espíritu Santo y no tuvo relaciones sexuales con José “hasta que dio a luz a su hijo primogénito”
que le fue anunciado por un ángel que su hijo iba a ser el mesías
que María era una judía piadosa cuya esperanza espiritual era la propia del pueblo de Israel expresada en los términos propios del judaísmo de la época, de ahí que, por ejemplo, contemplara a Dios como a su salvador y reconociera su propia “bajeza”
que, como judía piadosa, cumplió fielmente con lo prescrito en la Torah en materia de purificación y de fiestas y
que distaba, a pesar de su piedad, de ser perfecta no entendiendo lo que hacían los pastores en Belén y todavía menos la respuesta que Jesús le dio a ella y a José tras perderse en el viaje a Jerusalén. Precisamente porque no entendía esto, lo guardó en su corazón y lo meditaba continuamente.

Todo esto afirma el Nuevo Testamento acerca de la María anterioridad al ministerio público de Jesús y todo esto lo creemos los protestantes.

No se puede decir, pues, en propiedad que no creemos en María, pero sobre lo que creemos de ella seguiremos tratando en la próxima entrega, Dios mediante.

Fuente(
http://www.protestantedigital.com/)

Como cantante que soy, en mi blog quiero compartidos musica que mi me ha sido de ayuda espiritual o simplemente ha facilitado mi oración. Esta canción se llama el padre que siempre soñé y su autor es Abel Zavala. Espero que lo disfrutéis y os sea de edificación:



Lo unico que quiero:

Quien es el príncipe desde tiempo, el gran engañador, el líder de las huestes de maldad, como imaginarás si, es Satanás. Este video refleja de una manera clara y directa, quien se encuentra detrás de la maldad del mundo, quien se encuentra detrás de una simple copa de más un sábado noche, quien se encuentra detrás del maltrato, de la discriminación, del amor al dinero de las posesiones... y en este mismo video en el que se usan imágenes de una conocida película, se desenmascara su maldad y muestra la solución para hacer frente a todas estas huestes y espíritus malignos, porque ya lo dice la palabra "nuestra lucha no es contra carne sino contra huestes de maldad" y esa solución sólo tiene un nombre Jesús de Nazaret ,espero os guste y o sea de edificación:

Powered By Blogger

En Cristo Soy:

Salvo, Sano, Libre, Guerrero, Vencedor, Heredero,Nueva Criatura,Hijo de Dios,de Otro Mundo....

BIENVENIDOS!!! A un lugar donde Dios es entronado como Padre Celestial y creador del todo y abierto a hablar sobre los temas que expongo.

Jesús de Nazaret hijo de Dios,mi salvador,mi rey,mi amigo,mi guia...te amo Señor.

Espiritu Santo,Consolador de mi vida...

Soy cristiano a secas,no me considero militante de ninguna iglesia hecha por hombres,soy parte de la iglesia universal de Cristo,no me gustan las etiquetas,pero si es cierto que si me congrego en iglesias son en iglesias evangelicas donde no ponen censura a las manifestaciones del Espiritu Santo dado que me gusta la menera de predicar el evangelio(quien somos nosotros para decidir que es cierto y que no en la Biblia,para mi todo lo escrito en ella es una verdad que se confirma asi misma,y en mi mismo).

Visitas:


visit counter

Seguidores